La tortuga xerraire

Un sobirà de l’Índia molt estimat del seu poble, tenia un defecte enorme: era molt xerraire.

El seu Gran Visir, home de gran saviesa i discreció, estava enormement preocupat pel defecte del Rajà. Un dia, mentre passejava pels jardins del palau, va parlar així:

– Voleu que us expliqui una història, Majestat?

– Parla -va replicar el sobirà, que per rara casualitat aquell dia no tenia moltes ganes de xerrar.

– Fa molts anys -va començar el Visir – vivia una tortuga en un llac de l’Himalaia. Dos ànecs silvestres que havien baixat a aquell llac per descansar una mica es van fer amics de la tortuga i li van dir:

“- Amiga tortuga: el lloc on nosaltres vivim, el Llac Bell, ben amunt de l’Himalaia, és meravellós, per què no ens acompanyes allà?

“- Però com podré arribar-hi? -va preguntar la tortuga.- Jo no puc volar.

“- Et portarem nosaltres -van replicar els ànecs. Però has de conservar la boca tancada i no parlar ni una sola vegada.

“- Oh, això és molt senzill!

“- Perfectament, agafa’t amb la boca a aquest pal, i nosaltres sostindrem els extrems.

“I dient això, els dos ànecs, amb el bec, van agafar ben fort el pal i del seu centre es va penjar la tortuga.

“Van volar ben alts els dos ànecs, i de sobte, uns pagesos que els van veure van exclamar:

“- Dos ànecs porten una tortuga penjada d’un pal!

“En sentir això la tortuga no va poder contenir-se i va anar a replicar:

“- Si els meus amics han escollit aquest sistema de transport, què us importa a vosaltres, miserables esclaus?

“Tot just havia començat a pronunciar aquestes paraules, que va perdre la presa que feia al pal, i va caure i va caure, fins arribar a terra, on va quedar completament destrossada.

“En veritat us dic, Majestat, que aquells que no saben contenir la llengua, per molt grans que siguin les seves qualitats, acaben tots com la tortuga del conte.”

El Rajà no va contestar res i va continuar el seu passeig pels jardins; però, des d’aquell dia va parlar molt menys i tot va ser millor en el regne.

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El Templo del Cielo de Beijing, experiencia religiosa

A la revista de l’Instituto Confucio es va publicar un interessant article de César Rancés sobre el Temple del cel de Beijing que avui us volia compartir:

El Templo del Cielo de Beijing es uno de los lugares más enigmáticos y mágicos que existen en toda China. Su visita nos lleva por un viaje donde la numerología, los símbolos y los sonidos misteriosos continúan fascinando a propios y extraños. Los emperadores chinos, rodeados de su séquito, acudían a este lugar a ponerse en contacto directo con el Cielo y a pedir por una buena cosecha, idea de riqueza, grandiosidad y poder.

El Templo del Cielo de Beijing, Tiāntán o 天坛 en idioma chino, máximo representante de la arquitectura de la dinastía Ming (1368-1644), es uno de los grandes símbolos y centros turísticos de la capital china. Considerado por algunos artistas como el único lugar de China donde se puede hablar directamente al Cielo, el templo fue musa de multitud de obras literarias y de miles de piezas artísticas.

El templo, ubicado en el interior del parque del mismo nombre, se encuentra en el barrio pequinés de Chongwen, al sur de la ciudad y a tan sólo tres kilómetros de la famosa plaza Tian’anmen. Su construcción comenzó durante el reinado Yongle (1403-1424), finalizó en el año 1420 y cubre una extensión de 273 hectáreas rodeadas por un gran muro de seis metros de altura y cuatro entradas según los puntos cardinales.

El templo era el lugar donde los emperadores —considerados hijos directos del Cielo— de las dinastías Ming y Qing (1368-1911) veneraban al Cielo, rezaban para obtener una buena cosecha, buscaban la iluminación divina y pedían el perdón por los pecados de la gente corriente. Solían acudir a este lugar dos veces al año, el decimoquinto día del primer mes del calendario lunar chino y durante el solsticio de invierno, procedente de la Ciudad Prohibida y acompañados por un majestuoso séquito.

En un primer lugar, tanto el Cielo como la Tierra fueron venerados en este lugar, hasta que en 1530 se construyó el Templo de la Tierra en el norte de la ciudad, completando la ideología con el Templo de la Luna, en el oeste, y el Templo del Sol, en el este. En la década de los años 1970, el templo sufrió una restauración profunda y sus pinturas, viejas y descoloridas, fueron recuperadas y actualizadas, dándole un aspecto limpio y renovado que ha vuelto a recuperar para la celebración de las Olimpiadas de Beijing 2008.

Los antiguos arquitectos chinos diseñaron el Templo del Cielo de Beijing de tal manera que te hace sentir cercano al cielo gracias a un complejo sistema de estructuras donde el color, el sonido y las figuras geométricas del círculo y el cuadrado se complementan con los jardines que los rodean de un modo único, místico, misterioso y mágico. Esta disposición tan peculiar es todavía hoy estudio de expertos en numerología, necromancia y superstición, además de ingenieros y carpinteros fascinados por los edificios levantados sin usar ni un solo clavo.

La arquitectura del complejo está inspirada en dos conceptos filosóficos chinos: lo “celestial” y lo “terrenal”. Durante la época imperial, los chinos creían que el cielo era redondo, mientras que la tierra era cuadrada, por eso los templos y altares circulares se asientan sobre bases cuadradas, mientras que el parque entero tiene la forma de un semicírculo —al norte— situado sobre un cuadrado —al sur—.

El palacio cuadrado utilizado para el ayuno y situado al oeste del parque asemeja a la Ciudad Prohibida en una escala menor. Los templos circulares Qiniandian —Sala de las Plegarias para las Buenas Cosechas— y Huanqiu —Altar Circular— se creían que estaban directamente conectados con el Cielo.

En China, la tradición de realizar sacrificios al Cielo tiene una historia de más de cinco mil años. Debido al desconocimiento científico en la antigüedad, la gente pensaba que todas las fuerzas de la naturaleza estaban dominadas por el Cielo, por lo que sólo él, y mediante el uso de sacrificios, podía ayudarles. Con el tiempo, el emperador fue el único ser capaz de dialogar abiertamente con el Cielo y, por tanto, el único con la capacidad tal para realizar los sacrificios.

En la antigüedad se construyeron en toda China docenas de templos dedicados al Cielo, aunque sólo el Templo del Cielo de Beijing, considerado suelo sagrado, permanece aún en pie. Desde su terminación en 1420, un total de 22 emperadores realizaron 654 sacrificios al Cielo en este lugar. En 1912, la República de China (1912-1949) abolió todo tipo de sacrificios, confiscó el templo y abrió sus puertas al público en 1919. Llegir més

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